A todos nos encanta el queso, pero ¿quién hubiera pensado que hacerlo merecería tanto la pena? El queso se lleva elaborando desde hace miles de años en el norte de Europa y el arte de la elaboración del queso era algo que se conocía en todos los hogares que tenían una vaca. Puede que no tengas una vaca en tu jardín, ¡pero quizá sea hora de redescubrir este arte perdido!
4 recetas fáciles para hacer tu propio queso
1. Requesón
Vale, el requesón no es el queso más bonito, pero es increíblemente fácil de hacer. Es uno de los quesos más saludables y combina de maravilla con una copa de vino tinto.
Para hacer un par de tazas, necesitas:
- 2 tazas de leche (la semidesnatada es la mejor, pero también puedes usar leche entera)
- 2 cucharadas de vinagre o zumo de limón
- Sal
- Un colador
- Gasa o filtros de café
- Un bol grande
Preparación
Pon un poco de leche a hervir en una cacerola, retírala del fuego y añade el vinagre o el zumo de limón removiendo. Verás que la cuajada empieza a separarse del suero mientras remueves. Ahora solo tienes que colocar la malla de queso o los filtros de café en el colador y dejar que se escurra sobre un bol. Sazona con sal y ¡voilà! ¡Ya tienes tu cottage cheese!
2. Paneer
El paneer es un queso indio fantástico muy parecido al requesón. Sin embargo, al elaborar el paneer se utiliza presión para extraer la mayor parte del suero, lo que hace que el queso sea más firme. Está delicioso espolvoreado con garam masala o chaat masala y frito en ghee (mantequilla clarificada del sur de Asia).
Para unas 4 raciones necesitas:
- 2 litros de leche entera (lo más grasa posible)
- 120 ml de vinagre o zumo de limón
- Un colador
- Una gasa para queso o un trozo de tela limpia, como algodón o lino
- Un bol grande
- Una olla pesada o varias ollas pesadas del armario
Método:
Calienta la leche en una cacerola, igual que harías para hacer requesón. En cuanto la leche hierva, retírala del fuego y añade el ingrediente ácido (vinagre o zumo de limón), removiendo bien. La cuajada empezará a separarse del suero, creando una textura gruesa. Vierte el contenido de la cacerola en la gasa o el paño limpio y átalo por la parte superior. El objetivo es eliminar todo el suero posible, así que coloca el paño atado en un colador sobre un bol.
Puedes usar el suero más tarde si no quieres desperdiciarlo, por ejemplo, para diluir un poco las salsas caseras. Tienes que poner algo pesado, como una cacerola, unas latas sin abrir o paquetes de alubias secas, encima del paño con la mezcla de queso. ¡Espera unas horas y tendrás un queso delicioso para disfrutar!
3. Labneh
El labneh es un delicioso queso cremoso libanés que combina con casi todo. Tiene una textura muy rica y cremosa, ya que se compone principalmente de yogur, y está delicioso espolvoreado con za’atar. El labneh es muy fácil de hacer. ¡Incluso más fácil que el requesón!
Para hacer unas dos raciones, necesitas:
- 500 gramos de yogur
- Sal
- Unos 100 ml de aceite de oliva
- Sal
- Un colador
- Gasa o filtros de café
- Un bol grande
Coloca la gasa o un filtro de café en el colador y pon un bol debajo. A continuación, mezcla una pizca de sal con el yogur y viértelo directamente en la gasa. Déjalo reposar en la nevera unas 24 horas, añádele el aceite de oliva (puedes usar menos si no te gusta mucho), y luego disfrútalo a tu antojo. Se conserva una semana en la nevera, si es que eres capaz de resistirte a comértelo todo en cuestión de segundos.
4. Queso fresco
Si nunca has probado el queso fresco, te estás perdiendo uno de los placeres de la vida. El queso fresco es originario de Latinoamérica y tiene una textura blanda, pero firme. Es un ingrediente muy versátil: puedes desmenuzarlo sobre casi cualquier cosa, pero también puedes secarlo entre papel de cocina como si fuera tofu y freírlo para conseguir un exterior delicioso y crujiente y un interior cremoso.
Muchas recetas de queso fresco llevan cuajo, pero esta receta es vegetariana y funciona igual de bien. Si no tienes suero de leche, puedes hacerlo tú mismo mezclando una cucharada de zumo de limón con leche entera y esperando unos minutos a que se cuaje.
Para 6-8 raciones necesitas:
- 2,5 litros de leche entera (cuanto más grasa, mejor)
- 120 gramos de nata
- 240 gramos de suero de leche
- 5 cucharadas de vinagre o zumo de limón
- Sal
- Un colador
- Una gasa o un trozo de tela limpia, como algodón o lino
- Un bol grande
- Una cacerola pesada o unas latas pesadas del armario
Preparación:
Pon la leche, la nata, el suero de leche y una pizca de sal en una cacerola y ponla a fuego medio hasta que la mezcla esté a punto de hervir. Pero no quieres que la mezcla llegue a hervir del todo. Si te da miedo que la leche hierva, también puedes escaldarla. Para ello, coloca los ingredientes en un bol de metal sobre una cacerola con agua hirviendo, asegurándote de que el fondo del bol no toque el agua. Quizás hayas usado este método alguna vez para derretir chocolate.
Incorpora poco a poco el vinagre o el zumo de limón y observa cómo la mezcla se separa en cuajada y suero. En cuanto la mezcla se haya enfriado, forra el colador con una gasa o un paño, vierte la mezcla en el colador forrado y colócalo sobre un bol, envolviendo bien la mezcla con el paño y atándolo por la parte superior.
¡En una hora más o menos ya puedes comerlo! Si quieres que tu queso quede bien firme, puedes añadir un paso más. Ponlo en un molde desmontable pequeño al que le hayas quitado la base y simplemente coloca encima algo pesado de tu armario durante unas horas.
