Si buscas el patrimonio con más encanto del centro de Ámsterdam, no hace falta que te pongas a hacer cola en los famosos museos de la plaza Museumplein.
En el Oudezijds Achterburgwal se esconde la Iglesia Valona: un monumento oculto de 1409 que, tras siglos como refugio para refugiados, hoy en día sirve de escenario para diversas actividades culturales y conciertos, como los «Candlelight Concerts».
Refugio para refugiados francófonos

El edificio se construyó en 1409 como capilla del convento católico de los Hermanos de San Pablo. Tras la Alteración de 1578, el ayuntamiento confiscó el edificio y, en 1586, lo asignó a refugiados protestantes francófonos.
Cuando, a partir de 1685 , llegaron más hugonotes a Ámsterdam, la iglesia se amplió con naves laterales. El edificio se convirtió en un lugar de descanso honorable para personajes destacados de Ámsterdam, como el pintor Bartholomeus van der Helst. La emblemática puerta de 1616, decorada con calaveras, sigue recordando sus procesiones fúnebres.
El gesto nocturno de Van Gogh

El 18 de octubre de 1877 , un joven Vincent van Gogh entró en la Iglesia Valona para asistir a la misa en francés del padre Gagnebin. Por aquel entonces, Van Gogh estudiaba en Ámsterdam y quería practicar su francés. Para impresionar al sacerdote, se levantó esa noche a las dos de la madrugada para dibujar un mapa detallado de los viajes de San Pablo.
Una acústica centenaria envuelta en la luz de las velas

Hoy en día, la Iglesia Valona es conocida en todo el país por su acústica excepcional, en parte gracias a la estructura de madera del techo del siglo XV. Lo más llamativo del edificio es el monumental órgano de tubos de 1734, obra de Christian Müller, que se considera uno de los ejemplares mejor conservados del mundo.
Gracias a su excelente acústica, la iglesia es un lugar muy apreciado para grabaciones musicales profesionales y conciertos de música clásica. Durante los íntimos «Candlelight Concerts», miles de velas titilantes transforman este espacio histórico. Los amantes de la música disfrutan allí de interpretaciones en directo tanto de obras maestras clásicas como de bandas sonoras modernas y versiones pop, todo ello en un ambiente de cuento de hadas.